viernes, 8 de febrero de 2008

In memoriam

Como en casi todas las oportunidades, uno nunca puede despedirse o quizás, siempre se está despidiendo.
Hace apenas unos días, falleció Paco Vidarte, filósofo español y, según mi parecer, uno de los mejores intérpretes derridianos. Algunos de nosotros tuvimos la oportunidad de conocerlo y ahora sentimos la tristeza de su despedida, habiendo dejando tras de sí muchas promesas.
Entre las coincidencias, el síntoma y la invención, Paco cruzaba los puentes que ponían en contacto a Derrida y Lacan en tonos desafiantes, divertidos, como si el riesgo, tanto de los encuentros como de los desencuentros, reforzara la energía adrenalínica de su discurso.
Un discurso de filosofía impulsivo:

De oír en labios de otro esto mismo, me escandalizaría sin duda, sentiría correr por mis venas litros de sangre encendida de ira santa, le pediría a quien fuera muchas explicaciones, que fuera más despacio, que procurara ser menos tajante, incluso le preguntaría por qué y para qué demonios hace y dice eso, advirtiéndole de los riesgos de estos vertiginosos quid pro quo de avezado prestidigitador. O puede que a estas alturas me tomara ya las cosas con más tranquilidad, sin darle mayor importancia. Decir que Lacan y Derrida se parecen mucho no tiene por qué parecerle inquietante a nadie. A veces también es bueno decir cosas para desmentirlas acto seguido. Decirlas para abandonarlas, o decirlas uno para que no las digan otros y ahorrarles el mal trago.

Entre las impresiones que permanecen más vívidas, lo recuerdo como un hylozohísta de ontologías del devenir. De líquidos y fluídos. De lo sensible. De una ley del suceder como symptôma y de una ética de la alegría, de la apertura hacia aquello que pueda darse.
Su ciencia jovial nos abrazó apenas lo escuchamos, lo miramos. El día que lo conocí, me contó fascinado su recorrido por Buenos Aires en bicicleta. Los ojos se le salían de los surcos y su cara, colorada, acompañaba a esa expresión de explosión facial que algunos humanos podemos generar en determinadas oportunidades, como las que suelen ser acompañas de relatos extraordinarios:

Yo pegaba de pequeño los chicles debajo del pupitre para reutilizarlos más adelante, donde había una verdadera reserva filosófica de goma de mascar propia y ajena, indistinguibles, para mitigar el aburrimiento en tardes de hastío. Y aún los pego en el borde del plato cuando tomo café para volver a masticarlos luego. Vicio pertinaz de funcionario historiador de la filosofía. Lo inanalizable tiene mucho que ver con la viscosidad del resto.

Lejos de las narrativas pretenciosamente conclusivas, la conferencia que dictó en las Jornadas “Por amor a Derrida"*, disparó directo hacia nuestras convicciones teóricas. Entre perplejos y fascinados, muchos de nosotros no sabíamos, no esperábamos, aquellas palabras que se pronunciaban en un registro out of joint del filosófico. Nos enamoramos de Paco y él, quizás, de nosotros. Nuestras naves se cruzaron y pudimos celebrar inolvidables fiestas. Algunas de ellas, entre copas de vino y carcajadas. Otras, quizás en dosis más académicas. Lo cierto es que Paco nunca dejó de invitarnos, de incitarnos a compartir aquello que para él era vital:

Confieso que mis mandíbulas ya están cansadas de rumiar el objeto pequeño j@cques y se ven incapaces de sacarle más jugo que no sea mi propia saliva. En cualquier caso el chicle que escupo es el mío. Y me ha dejado buen sabor de boca, aunque ya ha perdido su textura y aroma primigenios, incluso se le ha roto la fibra de tanto ser mordido y ahora se me queda pegado en los labios. No me importa si otro quiere mascarlo un poco más.

En el blog www.pacovidarte.org pueden encontrarse textos de su autoría, así como también relatos y fotos de sus últimos tiempos que, en un gesto de fortaleza desbordante, supo compartir.







* “Derriladacan”, de la cual han sido extraídas las citas que se mencionan en este texto. La versión completa puede hallarse en www.jacquesderrida.com.ar

1 comentario:

Anónimo dijo...

Un bajón. Teté y yo le teníamos miedo. Nos daba miedo invitarlo a casa. Tanta energía. No hubiéramos sabido qué hacer con tanta energía. Hoy estuve llorando su muerte. Hoy Teté trajo su Etica Marica, que imprimió en la UNLa. Cuánto hace que no soy un marica hecho y derecho...