viernes, 5 de noviembre de 2010

Ocaso del rojo

Duerme por las mañana de niebla
quiere olvidarse de los inviernos feroces
de una Rusia perdida.

Por las noches
todavía corre en sueños
y siente la vitalidad del sentido del riesgo.
No hay nada mejor para la vida
que el poder morir.

El no saber si volveremos a amanecer
eleva la noche
a sacra experiencia.

El silencio del invierno de esos días
en el contraste de un presente caluroso
de otro idioma
de otra sangre
de otro valor.

Dónde están mis candelabros?!
Dónde
la palabra honrada
épica
decisiva?


Sólo en sueños fantasea
con rasgar el cuello del vestido de esa mujer
de acercar su nariz
y envolverse de los aromas de las flores
que hicieron la infusión perfumada.

Una cabellera roja
con rizos que impiden el pasaje pacífico de una mano
aquella que en la contradanza
acompasaba con sus movimientos
las melodías de una música tan clásica como epocal.

Sólo el rojo
interrumpiendo los diálogos de un allegro
tornándolo feroz
fúnebre.

El dolor de su cuerpo
todavía lo confina a aquella época.
Cicatrices como tatuajes del honor,
de un honor que no salva
de un honor que ni siquiera vale hoy.
Un honor al silencio de lo que no es,
de lo que inunda espectralmente todo
lo tiñe
lo oscurece y torna irreal.

sábado, 14 de agosto de 2010

Mi necesidad de lo fantástico

Sólo por un momento, dejé de lado la fantasía, crecí, logré liberarme del infierno y, supuestamente, de las fantasías creadas para sobrevivir al infierno. Pero, a veces, todavía creo que la fantasía no puede ser un libre juego de postulaciones, de imaginerías estratégicas y concretas, que se anclan en un mundo tan gris, como esa rosa púrpura del Cairo, que por no aceptar la monotonía de una vida miserable, tuvo que suscribirse al abono vitalicio de un cine que la ayudara a soñar.

¿Se puede realmente creer que todo lo que pasa en la vida es sólo un mundo tan racional y concreto, que divide lo fantástico de modo tan claro, al punto de que toda experiencia que rompa su límite, en última instancia, es mera transgresión o apostasía?

Siempre quise que existieran los personajes fantásticos.

Nunca pude soportar la posibilidad de que el mundo empiece y acabe en esta cadena de eventos a cumplir, cuyas decisiones llevan tiempo, precaución, formularios y decoros. Como si el continuum fuere irrompible.
… y qué pasa si no me alcanza? Si el mundo así narrado me aburre, entristece y hasta, por momentos, me enfurece?

Qué pasa si la próxima película va a ser la que decida mañana el color y el vestido y hasta yo misma mañana, en otro horizonte, con otra historia, sólo por unas horas…?
Qué consuelo la fantasía, qué kantiana también, mesiánica en el peor y el mejor de los sentidos del término.

Ahistórica, singular, inconfesable, dolorosa, autobiográfica.

El silencio en el suspiro.