lunes, 15 de diciembre de 2008

Cotidianas

I
Podrido, todo huele a muerte.
A medida que apresuro mi caminar voy disolviendo las sombras, como si todo estuviera apoyado sobre el agua, sensible al impacto más ínfimo.
Un pequeño desierto casi inadvertido. Una boca con saliva estacionada. Nada por decir.
Mientras me tomo la falda para subir las escaleras de mi edificio, la humedad penetra en mi nariz. Estoy rodeada de gente vieja. Al fondo, atrás, atrás.
Un piso, dos.
De pronto, vuelve la luz y mi casa se acerca. Entro desesperada por un baño. La ciudad me llena de olores que detesto.
Perfumes de jabones, suavidad de toallas.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Alejandra
almendrar
de a ratos

Rapidez del rayo
como la del primer sonido de la carcajada.

Dragones
mis manos se te acercan
te calientan con el roce
y luego hacen combustión con tu piel.

Te grito
y me inmovilizo con el eco de mi voz
no me gusta siquiera haberme gritado
y sólo fue el retorno de aquello que no absorbiste con tu cuerpo.

Alejandra
draculear
todo el tiempo que sea necesario.