I
Podrido, todo huele a muerte.
Podrido, todo huele a muerte.
A medida que apresuro mi caminar voy disolviendo las sombras, como si todo estuviera apoyado sobre el agua, sensible al impacto más ínfimo.
Un pequeño desierto casi inadvertido. Una boca con saliva estacionada. Nada por decir.
Un pequeño desierto casi inadvertido. Una boca con saliva estacionada. Nada por decir.
Mientras me tomo la falda para subir las escaleras de mi edificio, la humedad penetra en mi nariz. Estoy rodeada de gente vieja. Al fondo, atrás, atrás.
Un piso, dos.
Un piso, dos.
De pronto, vuelve la luz y mi casa se acerca. Entro desesperada por un baño. La ciudad me llena de olores que detesto.
Perfumes de jabones, suavidad de toallas.
Perfumes de jabones, suavidad de toallas.
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