viernes, 5 de noviembre de 2010

Ocaso del rojo

Duerme por las mañana de niebla
quiere olvidarse de los inviernos feroces
de una Rusia perdida.

Por las noches
todavía corre en sueños
y siente la vitalidad del sentido del riesgo.
No hay nada mejor para la vida
que el poder morir.

El no saber si volveremos a amanecer
eleva la noche
a sacra experiencia.

El silencio del invierno de esos días
en el contraste de un presente caluroso
de otro idioma
de otra sangre
de otro valor.

Dónde están mis candelabros?!
Dónde
la palabra honrada
épica
decisiva?


Sólo en sueños fantasea
con rasgar el cuello del vestido de esa mujer
de acercar su nariz
y envolverse de los aromas de las flores
que hicieron la infusión perfumada.

Una cabellera roja
con rizos que impiden el pasaje pacífico de una mano
aquella que en la contradanza
acompasaba con sus movimientos
las melodías de una música tan clásica como epocal.

Sólo el rojo
interrumpiendo los diálogos de un allegro
tornándolo feroz
fúnebre.

El dolor de su cuerpo
todavía lo confina a aquella época.
Cicatrices como tatuajes del honor,
de un honor que no salva
de un honor que ni siquiera vale hoy.
Un honor al silencio de lo que no es,
de lo que inunda espectralmente todo
lo tiñe
lo oscurece y torna irreal.

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