Le caen lágrimas y se las bebe, siempre riendo. (Cortázar, El Perseguidor)
Caen… alguna vez estuvimos más alto?
La mirada melancólica. Todo esto no es más que la farsa de un sueño, de un mal sueño que comenzó con nuestra primera respiración. Y si en vez de llorar hubiésemos comenzado a vivir riendo? Acaso comenzar a vivir duele? Y cómo se evita ese dolor si es tan primitivo?
La cara siempre mojada. Las lágrimas la humedecen constantemente, necesariamente, como las pieles de ciertos animales acuáticos, sólo que en un proceso de autosuficiencia: nosotros mismos producimos la hidratación de nuestros rostros.
Y luego, dos recorridos posibles: dejarlas ir, hasta que ellas mismas se evaporen, o tragarlas. En ambos casos, el trayecto saliniza, erosiona, hace gesto. Las lágrimas modelan nuestras expresiones antes de que éstas sucedan. Delimitan su potencial acorde a las cantidades, a sus frecuencias. Así, algunas personas parecen no poder sonreír luego de grandes llantos y cuando lo hacen el espectador vivencia un proceso que suele parecerse a la producción de lo extraordinario, incluso del milagro mismo.
Objetivamente, se llora acompañado por otra persona, en público (al menos frente a dos), cerca de un animal o de una planta.
Subjetivamente, siempre se llora solo. Nadie llega. El llanto cierra, clausura el ingreso del otro. Ni siquiera el abrazo alcanza al estallido que, una vez puesto en marcha, no hace más que insistir en su perpetuación. Porque nos gusta llorar, porque sabemos que las lágrimas liberan algo de nuestro veneno interno, como una suerte de deshidratación curativa.
Sin embargo, los dos trayectos sugeridos señalan diferentes destinos. No es lo mismo dejar ir a aquella humedad producida que tragarla. Esto último, tan difícil por cierto, señala la posibilidad de nuestras fuerzas. Como cuando entramos en una casa, abrimos la alacena, y encontramos allí algo de comida: una lata, un paquete de galletas o un frasco de café instantáneo. La casa no está vacía:
Entonces Dédée ha dicho que iba a preparar unos nescafés. Me ha alegrado saber que por lo menos tenían una lata de nescafé. Siempre que una persona tiene una lata de nescafé me doy cuenta de que no está en la última miseria; todavía puede resistir un poco. (Ibid.)
4 comentarios:
me encanta este text pearl, gracias
Angst essen Seele auf.
Pucha, no tengo nescafé, ni café, ni nesquick. ¿Estoy en la miseria?
Yo tengo next-week. Y pensaba que tragar lágrimas es un buen modo de iniciar un trastocamiento de las funciones de nuestro organismo. Y es "tragarlas", claro. No se trat de "beberlas". Eso no es beber.
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