Verdad ya perdida, exiliada. Sólo la bravura del instante, demasiado y muy poco a un mismo tiempo. Y si el valor es sólo la contracara de la vergüenza del vacío de la falta de fondo?
Curiosamente, habito más cómoda entre lo que otros consideran “incomodidades”.
Respirar el aire de la contingencia me ensancha el pecho, me anima a quedarme de pie, me hace negociar con mis esmeros. La afectividad primaria es vital cuando abandona el barro angustioso del sentido y se queda absorta de lo poco y lo mucho, como suficiente y quizás lo mejor.
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