Cada año que pasa, la navidad se tiñe de más y más tristeza, susceptibilidad y pérdida. Aquellos que no están desde hace mucho (y, de alguna manera, una vez más, la confirmación de su pérdida, sumado al desdibujamiento de sus rostros y de nuestros mismos recuerdos). El balance que pesa sobre nuestras espaldas y oprime desde la mente al corazón: ya no somos aquellos pequeños seres corriendo tras una cañita voladora o esperando ansiosos las 12 para correr a abrir los regalos. Ni siquiera el brindis suele ser importante, al menos no en mi caso, que desde una cena que comienza a las 9 de la noche, impide llegar lúcida al momento tan anhelado por otros, que sólo descorchan una sidra para darse un gustito anual recién para ese entonces.
Durante mi niñez, las navidades de la clase media religiosa eran cálidas, ruidosas y generalmente numerosas. Hoy sobran asientos, vajilla, silencios. Las historias no resueltas se hallan estancadas en los pasillos yendo al baño.
El pan dulce suele ser de los mejores, de panadería o directamente horneado por alguno de la familia. En la mesa nada falta: los excesos de comida suplen otras carencias. Carencias del afecto y de la palabra. Éstas últimas suelen cumplir las más de las veces un rol relevante: evitan aquellos desencuentros endémicos que hacen de las reuniones una deriva catastrófica.
Como la cena suele comenzar muy temprano, el intervalo entre el postre (que no tarda en llegar luego del plato salado, casi encadenados en el paladar en dirección a la garganta) y el brindis suele extenderse casi una hora y media. El aburrimiento de dicho intervalo ya no es transitado mediante estrellitas o juegos de niños. En mi casa ya no hay niños, todos somos adultos y los escasos juegos no siempre tienen por objeto la diversión de los participantes...
Ayer a la noche, mientras esperaba que las campanas de las 12 pudieran darme la redención que no había hallado en tanto tiempo, desesperé. A las 11:15 hs, salí de la casa de mis padres en dirección a otro lugar. Por suerte, unos amigos me salvaron pasándome a buscar por la plaza más cercana y haciendo del brindis de las 12 el mejor de los posibles. Gracias chicos, muchas gracias.
2 comentarios:
pero, y este blog??? A nosotros nos alegró mucho poder sacarte de apuros navideños, siempre son fechas de susceptibilidades triple x y no da quedar varado en ninguna plaza, por más que sea en adrogué. Y brindo (virtualmenchi)por muchos post más!!!!
Pero terminó linda...
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