lunes, 28 de julio de 2008
El devenir monográfico
La monografía... la monografía terminó bien, aprobada, debajo de unos libros que todavía no logro acomodar en el living o estudio de mi casa. Realmente no pude llegar a acompañar el proceso de su gestación, antes de terminarla, ya había perdido la fe en el proyecto... confieso que no es algo que siempre me suceda, pero cierto nerviosismo, cuando se tiene a un destinatario tan visible, esfuman cualquier impulso... quizás Derrida tenga razón en este punto cuando señala que la lógica del envío es no tener un destinatario. El don sólo acontece cuando no hay un quién, o cuando éste se revela a posteriori y no en el momento inicial donde manos y teclado se tocan.
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1 comentario:
A mí me basta con que mi anonimato haya infectado el origen de tu escribir, así como que respondas a mi persona sin dirigirte a mí. ¿Es pecar de afán de reducción, “simplicidad”? No lo creo. Pero porque también comparto que tenías -en cuanto a la monografía- alguien demasiado presente pretendiendo bajo tu letra, habrá sido ese detalle breve un desgaste suficiente como para volver fatigoso una escritura que sin embargo concibo atractiva. ¿Qué decirte? Me quedo con la inutilidad de tu gesto obsequiado a mí curiosidad, yo… sonrío.
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